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La Ecología Política como centralidad del siglo XXI(1)

El siglo XXI, va a ser el siglo de la crisis ecológico-social: el de la escasez de recursos, el del cambio climático y el de la crisis de biodiversidad; es y será el siglo de la ecología política.

Los problemas del siglo XXI, que superaran los límites biofísicos del planeta, no se pueden resolver con las recetas ideológicas y los instrumentos políticos del siglo XX. Un dato confirma esta imposibilidad: los sectores progresistas se definen también como feministas y ecologistas. Esta definición, compuesta, desvela la insuficiencia actual de la propuesta ideológica socialista para analizar los problemas centrales de la sociedad y proponer soluciones para ellos. De ahí la necesidad de construir un espacio más amplio.
Lo explicaré gráficamente. Durante los siglos XIX y XX los problemas centrales de la sociedad fueron sociales. En el siglo XXI, sin embargo, el problema central es una triple crisis, que entrelaza: una crisis climática causada por el hombre, una crisis energética y una crisis de biodiversidad, originadas, todas ellas, por la deficiente inserción de los sistemas humanos en los sistemas naturales. Quiere decir esto que se ha producido un desplazamiento del eje de los problemas centrales de la sociedad desde lo social a lo ecológico. Este desplazamiento no ha sido advertido o no quiere ser reconocido por parte de la izquierda, como ponen de manifiesto algunos discursos y muchas de sus propuestas. Analizar y dar respuesta a los problemas desde la transversalidad de las políticas medioambientales, como pretende la izquierda, no es suficiente, pues la transversalidad pone el foco al final del proceso, cuando el problema ya existe, olvidando las causas que lo originaron. Es necesario, en cambio, actuar en el origen del problema: el modelo de producción y consumo que tenemos y situar, como hace la ecología, la crisis ecológico-social en el centro de la política y de la sociedad.
Por tanto, la propuesta de creación de un espacio de izquierdas, ecologista y feminista, y además nacionalista, que se hace desde ciertos sectores, es una invitación a seguir actuando con la mirada puesta en el retrovisor. El siglo XXI requiere mirar hacia adelante. Y esta nueva visión la proporciona la ecología política, con su propuesta ideológica nueva, centrada en los retos y los problemas centrales que tenemos hoy. La concurrencia de la triple crisis ecológica y de la crisis financiera y social que explotó en 2008 nos proporciona un dato: que esta última tiene un origen medioambiental: la escasez de recursos. La crisis financiero-social es, entonces, una crisis ecológico-social. Y este dato nos lleva a una conclusión: la solución que plantea la izquierda a la crisis social, basada en el crecimiento ilimitado, es inviable en un planeta limitado, pues no hay planeta suficiente para mantener el ritmo de vida actual, para generar más acumulación de manera ilimitada y tener así más riqueza para repartir. La segunda conclusión es que para resolver la crisis social hemos de resolver al mismo tiempo la crisis de recursos, climática y de biodiversidad. No es suficiente poner primero el foco en la protección de los derechos humanos básicos: derecho al trabajo, a la vivienda, a la salud, a la educación, a la justicia y pensar que después podremos resolver la urgencia ecológica en la que estamos inmersos. No tenemos tiempo.
Tendrán que decidir las fuerzas progresistas hacia donde se dirigen: si por la ecología política o por aquella izquierda que está perdiendo el tren de la historia, por mantener posiciones ancladas en el pasado. Si yo me encontrara en esa disyuntiva mi opción sería fusionarme con el futuro, con la ecología política y convertirme en la corriente ecosocialista dentro de ésta. Pero no digo nada nuevo.
Para defender cada país y a su gente basta entender que sin planeta no hay país, que sin justicia ambiental no puede haber justicia social, porque somos, sobre todo, ciudadanos de la Tierra, parte de una comunidad planetaria integrada también por seres distintos de los humanos, no solamente españoles o europeos.
El campo de juego del partido y la naturaleza de los equipos que lo disputan están fijados. Siguiendo con el símil futbolístico, el equipo que juega en casa es la ecología política, en tanto que la izquierda es el equipo visitante. Antes fue al revés, es cierto. Pero el partido del siglo XX ya se jugó. Hoy estamos jugando el partido del siglo XXI. Por eso en este partido la ecología política es la centralidad, no la periferia. La pelota está en juego.
El nuevo concepto se llama Sustentabilidad que promueve cubrir las necesidades utilizando Recursos Cercanos, Renovables y Saludables.

1 Francisco Soler 24.03.2016 

El Decreto de Anti-Autoconsumo

Se trata de que cualquier usuario del sistema eléctrico pueda producir electricidad con energías renovables y verter a la red su sobrante del día o del verano para, más tarde, por la noche cuando no hay sol o en invierno, utilizar el exceso de producción y consumir la parte prestada al sistema eléctrico, que ya habrá sido consumida y pagada por otros usuarios. De esta forma funcionan un innumerable número de países del mundo, una gran parte de América y una buena parte de Europa, incluido nuestro vecino Portugal. Con ello consiguen ser más eficientes y tener menos perdidas en el trasporte de energía; abaratan el coste de la electricidad para todos los consumidores, incluidos los no autoconsumidores; disminuyen su dependencia de la importación de combustible fósiles; mejoran su balanza de pagos y, lo que es más sobresaliente: los ciudadanos de estos países contribuyen de forma individual y colectiva a la reducción de emisiones contaminantes y a la lucha contra el cambio climático.
En octubre del 2015 el Gobierno del PP aprobaba un Real Decreto para regular el autoconsumo sin contemplar en ningún caso el balance neto. Con más de dos años de retraso sobre un primer borrador que anunciaba el impuesto al sol que ahora se ha aprobado y que supuso poner en valor el miedo a este impuesto y retraer las ganas de los españoles de producir su propia electricidad, paralizando todo la industria solar española que en 2008 era la primera del mundo. Este Real Decreto, que debería llamarse de ANTI-Autoconsumo, instituye todas la barreras legales, económicas y administrativas posibles para dificultar el autoconsumo. Tantas que ha merecido las críticas contundentes del Defensor del Pueblo, del la Comisión Nacional del Mercado y la Competencia y del Consejo de Estado, además del compromiso de su derogación, firmado por todos los partidos de la oposición, y una movilización social y ciudadana en contra, sin precedentes en nuestro país. Tanto sinsentido en el país de Europa que más irradiación solar recibe no sería posible sin un interés claro por mantener a salvo los beneficios de las grandes compañías eléctricas que, en forma de oligopolio, nos dominan con la complicidad de débiles gobiernos como el actual, que se pliegan a los intereses de las puertas giratorias, que premian a expresidentes, exministros, y demás familia con asesorías y otros cargos muy bien pagados.
Las elecciones del pasado 20 de Diciembre, aconsejaban esperar, pues todos los partidos políticos salvo el Partido Popular estaban por la labor de derogar la normativa actual y sustituirla por otra más fácil, sencilla y atractiva. Sin embargo el Partido Popular sigue gobernando hoy y es probable que unas nuevas elecciones demoren meses la llegada de un gobierno que sí apueste por las energías renovables o peor aún, que lo que llegue sea una gran coalición en la que participe el Partido Popular. PSOE, PODEMOS, IU y CIUDADANOS, apuestan por el balance neto y recompensará a los autoconsumidores sus excedentes, aumentando el ahorro y los incentivos a generar energía limpia.
Pero se han olvidado o han decidido no incluir 4 aspectos importantes que afectan a los pequeños autoconsumidores. Consigamos que se incluyan en los nuevos programas para que nos beneficie a la mayoría:
  1. Establecer en el nuevo decreto de autoconsumo que los autoconsumidores antiguos no se tengan que adaptar a la nueva normativa. Desde el año 2011 el autoconsumo era legal y mucha gente se puso instalaciones en base al RD1699/2011 y a la ITC-BT-40 del REBT. Cuando se aprobó el Reglamento Electrotécnico de Baja Tensión en el año 2003, no se obligó a todas las las viviendas a adaptarse a la nueva norma, sólo a las nuevas o a las que realizaran modificaciones significativas. Lo mismo debería aplicar al autoconsumo, ésto es algo de sentido común.
  2. Eliminar el requisito técnico de medida que obliga a instalar un montador de generación incluso a las instalaciones Tipo 1. No tiene sentido técnico que las instalaciones pequeñas de menos de 10kW, las más utilizadas en hogares, tengan que poner un segundo contador para medir la generación. El control de la generación se puede realizar mediante modelos estadísticos a partir de los datos de potencia instalada, no tiene sentido telegestionar instalaciones tan pequeñas en esta primera etapa de implantación del autoconsumo. Este requisito técnico encarece la instalación por la suma del coste del contador, la linea eléctrica y la canalización que hay que llevar desde el generador hasta el cuadro de medida, el nuevo cuadro de medida si no cabe el contador y las horas adicionales de instalación que requiere todo lo anterior. Sin este requisito técnico, las instalaciones de autoconsumo podrían ser 500 € más baratas. (Una instalación de 2,5 kW cuesta unos 7.400 € IVA incluido actualmente).
  3. Eliminar cualquier referencia los kits de inyección cero. Resulta descorazonador que se promuevan los kits de inyección cero que cuestan más de 600 €. Resulta antiecológico que pudiendo generar energía gratuita del sol, se ponga un limitador para no compartir excedentes.
  4. Importante incluir cualquier sistema de producir electricidad renovable, que funcione en la actualidad o en un futuro.
Este Real Decreto supone un lastre para la recuperación y creación de empleos en los próximos años. Supone robarnos el sol como fuente de ahorro económico y como medio de combatir el cambio climático. Y hace inviable la desalación mediante energía solar y por lo tanto, impide disponer de agua segura y abundante a un precio asequible para nuestra agricultura y nuestro consumo.

Nunca es tarde si Aún estamos a tiempo de hacerlo. De lo contrario tu silencio será cómplice y comprenderemos a quien no hay que votar en las próximas elecciones.

Las guerras climáticas ya están aquí

Millones de refugiados se agolpan a las puertas de Europa poniendo a prueba nuestros valores más preciados de solidaridad y equidad. Es todo un aviso para navegantes sobre los peligros del futuro que nos espera. Cuando una sociedad humana se siente amenazada tropieza con la disyuntiva de elegir entre la libertad y la seguridad, es muy probable que se opte por la segunda opción autoritaria. En la respuesta que demos a este dilema práctico corremos el riesgo de suspender los principios morales más apreciados en nuestras acomodadas sociedades democráticas. Las libertades pueden tirarse al basurero cuando se percibe que los refugiados constituyen una amenaza a la propia seguridad.

Solo un reajuste socio-ambiental global por encima de las fronteras, capaz de distribuir la creciente escasez de los recursos biofísicos según los valores de suficiencia material y ecológica y de manera más equitativa, podrá ayudarnos a mitigar la gran catástrofe que se avecina, mucho más colosal que la crisis actual de los refugiados. Pero hasta ahora continúa la ceguera política como si nada pasara, sumida como está en la negación de los problemas sociales y ecológicos de fondo. Toda una gran irresponsabilidad institucionalizada.
Las guerras climáticas están en marcha, y de seguir con el mismo rumbo que llevamos las guerras que vendrán encenderán más la mecha del nacionalismo xenófobo, los agravios comparativos fratricidas de unos contra otros, y aumentarán las luchas encarnizadas para el abastecimiento de recursos naturales cada vez más escasos y degradados. La desestabilización climática que se avecina, lejos de ser un hecho para ser tratado en un apartado sectorial y aislado, como por ejemplo lo hace el reduccionismo de la óptica técnica que solo habla de emisiones de CO2 y de eficiencia energética, ya nos está complicando profundamente las relaciones humanas en nuestras sociedades, y solo acaba de empezar.
La terrible guerra civil en Siria fue precedida por una histórica sequía que duró más de 10 años y arruinó a más de un millón de agricultores, causó grandes migraciones interiores y agudizó las críticas al régimen de Assad como aumentó las tensiones inter-étnicas e inter-religiosas. Aunque los analistas políticos suelen ignorar nuestra inevitable condición de dependencia de un mundo físico y biológico finito que decae a marchas forzadas, lo cierto es que la batalla por el agua en un Oriente Próximo con unas temperaturas cada vez más inclementes y con acceso y reparto muy injusto, ha sido uno disparadores sociales que ha encendido la guerra civil en Siria.
En muchos otros países del Mediterráneo y de Africa se retroalimentan los horrores ambientales: las sequías, el avance del desierto, la carencia de agua potable y de combustible, el esquilmamiento de las proteínas pesqueras, la grave crisis de la agricultura de subsistencia a pequeña escala, la endémica superpoblación en relación con la capacidad de carga ecológica local, la corrupción, la violencia, la aguda polarización y desigualdad y los conflictos étnicos y religiosos. El cambio climático y el rápido deterioro ambiental significan acelerar y radicalizar todos y cada uno de los problemas existentes que amenazan el sustento y la habitabilidad humana.
El sociólogo alemán Harald Welzer en su libro “Guerras Climáticas” nos anuncia un escenario tenebroso para el futuro europeo. Millones de personas desesperadas tratarán de alcanzar “la tierra prometida” de nuestras costas, huyendo de sequías, hambrunas, guerras por el control de recursos ambientales, grandes desastres naturales y una miseria multiplicada por el terrible cóctel de la superpoblación, el malgobierno y la creciente insostenibilidad de los ecosistemas que son soporte imprescindible de las sociedades. Welzer afirma: “Es muy probable que crezcan los conflictos potencialmente violentos en torno a diferentes recursos. Un factor importante es el tipo de conflicto y la existencia de una competencia por recursos básicos necesarios para la supervivencia, como el agua o la tierra. Existen conflictos concretos que devienen violentos y que presentan una tendencia acumulativa porque se producen en sociedades fallidas, carentes de estructuras y en las que existen actores interesados en ampliar la conflictividad”.
Los científicos ambientales estudian los peligrosos puntos críticos de inflexión ambiental generados por las acciones humanas y las consecuencias de translimitación irreversible en los ecosistemas desequilibrados por el cambio climático, pero apenas nadie reconoce las grandes mutaciones sociales que están siendo provocadas por el deterioro ecológico. Aunque en realidad la sociedad humana y la naturaleza nunca han estado separadas, tal y como han ideado fantasiosamente las supersticiones dualistas de los modernos, lo cierto es que casi la totalidad de la clase política sigue anclada en esta dramática desconexión con el mundo natural.
La avalancha que viene de los pobres refugiados climáticos puede ser recibida con una regresión moral y política de los europeos, elevando los muros y defendiéndolos con acciones cada vez más brutales y totalitarias. Unos bruscos cambios excluyentes que están muy alejados de los valiosos propósitos de defensa de los derechos humanos fundamentales que deberían orientar todo quehacer político.
En la Unión Europea vivimos en una burbuja con una falsa ilusión de seguridad, en gran parte gracias al saqueo de recursos materiales y biológicos de todo tipo venidos de cualquier parte del mundo. Esta “fortaleza europea” solo puede mantenerse mediante la externalización temporal de los nefastos impactos colaterales sociales y ecológicos generados por nuestros sobreconsumidores estilos de vida y por el crecimiento de la escala material de la economía y la producción en un planeta finito en materiales y moribundo. Lo cierto y real es que socio-ecológicamente nuestra cómoda y segura existencia solo puede ser provisional y tiene fecha temprana de caducidad. La frágil burbuja europea puede reventarse rápidamente por estar rodeada por millones de personas que sufren cada vez más las consecuencias directas e indirectas de un proceso histórico de gran explotación política, social y ecológica.

No hay muchos motivos para el optimismo porque todo ocurre en medio de un vacío de gobernanza institucional mínimamente responsable ante la gigantesca envergadura del cambio climático, la gran injusticia social y la degradación de las condiciones ambientales. La situación de emergencia colectiva y mundial que plantea el desafío de las guerras socio-climáticas exige mutaciones materiales rápidas en la forma de vida sobreconsumidora presente en los países opulentos y en el resto del mundo.. Como concluye Welzer: “En la Historia, tenemos ejemplos como el fascismo o el comunismo que cambiaron sociedades en un lapso de tiempo increíblemente corto y con un impacto muy profundo. Por ello, creo que no tenemos ni idea de lo que puede pasar en un mundo que afronte una subida de la temperatura de tres grados o más, algo que puede ocurrir en pocas décadas.”

Carta abierta a los amigos que “no se mojan” por la Ecología1.

Querido amigo: La tesis de qué las ideas centrales que los ecologistas defendemos nos retrotrae a la época de los cazadores-recolectores, que nuestras propuestas son demasiado radicales y lanzamos un mensaje incómodo para la sociedad debido a una pretendida búsqueda permanente de culpables.

Esta opinión me deja sorprendido y da pie a la confusión. Es posible que falte información. Así pues, trataré de derribar este falso mensaje tomado como verdadero por muchos receptores.
La idea de la vuelta a la época de los cazadores-recolectores, siento decírlo, es delirante y no merece más comentario. Es evidente, sin embargo, que no podemos continuar consumiendo recursos naturales, más allá de los que el planeta es capaz de generar, ni generando más emisiones y residuos de los que la biosfera puede procesar y reutilizar, la realidad del cambio climático lo ratifica. Ni olvidar otra variable: no consumir los recursos y el medio ambiente de las generaciones futuras. Y esto no son lentejas, como dice la expresión popular. Esto es lo que hay, nos guste o no. Hasta ahora, sin embargo, hemos actuado dejando las lentejas y comiendo lo que queríamos, ignorado la realidad más ineludible hasta convertir esta actitud en problema. Y para poner fin al problema hay que resolver la siguiente ecuación: los límites los marca la naturaleza y el hombre debe poner el sentido común.
Se plantea por tanto la cuestión de la responsabilidad derivada de la explotación económica de la naturaleza. El primer dato a tener en cuenta al respecto es que una hipotética responsabilidad por este motivo está velada por la protección que la ley proporciona a la actividad económica. En consecuencia los efectos derivados del consumo, para el planeta quedan silenciados por la confusión entre moral y derecho. Esta responsabilidad, raíz de todo comportamiento ético, unido a la capacidad moral innata del hombre, permite a éste distinguir y no coparticipar en la explotación económica de la naturaleza con su consumo, dirigiendo así la actividad económica hacia el respeto a las leyes naturales. A pesar de ello, esta capacidad está condicionada por las circunstancias socio-económicas de cada individuo.
Hay que buscar entonces una explicación política y social de esta responsabilidad, pues las visiones y actitudes individuales están condicionadas por los marcos de referencia generales que operan y organizan la sociedad, las percepciones, interpretaciones y actitudes socializadas, así como las concepciones y modelos de la realidad vigentes. No obstante, el nivel de explotación de la naturaleza que se ha alcanzado es producto de un alejamiento de la realidad y de la irreflexión.
No hay pues búsqueda de culpables como se dice; se trata de concienciar a la sociedad de los problemas ecológicos en los que vivimos inmersos y su magnitud, sacándolos a luz y trayéndolos al tablero político. Como en el cuento del “rey desnudo2, los ecologistas gritamos la desnudez de una sociedad sólo vestida de consumo, para que abramos los ojos y veamos la imposibilidad de continuar con esta forma de vida depredadora y derrochadora. Quienes tenemos más cincuenta años recordamos el anuncio de TV de los años 70 que alertaba de la insostenibilidad del consumo excesivo de agua, cuyo slogan decía: aunque usted pueda, España no puede. Al igual que ayer, hoy debemos recordar, ahora en clave ecológica, dicho slogan respecto al exceso de consumo de recursos naturales y sus consecuencias: aunque usted pueda, el planeta no puede. No se trata de prioridad económica, es un problema ambiental y social, pues el cambio climático nos ha colocado frente al callejón sin salida fundamental: la insostenibilidad de una actividad económica que no observa las leyes de la naturaleza. Y yo comprendo que para muchos conciudadanos esta realidad pueda resultar incómoda al vivir en una burbuja de consumo.
En lo que estoy de acuerdo es en que las propuestas que hace la ecología política son radicales, entendido este término en el sentido de ir a la raíz del problema. No se puede llevar a cabo dicha transformación de un día para otro, dada la magnitud de la misma. Al contrario, este viraje precisa una etapa de transición y una hoja de ruta que establezca la dirección y los tiempos de dicha evolución, para que pueda ser realizada de manera no traumática. A pesar de ello el cambio deberá tener la profundidad que los límites del planeta y los derechos de las generaciones futuras exigen y obligan. Espero haber contribuido a resolver los miedos y las dudas y quien lo lea quieras unirte al cambio hacia el sentido común que necesitamos.



1Articulo de Fco. Soler en la Opinión de Malaga el 20 de mayo de 2015

ALTERNATIVAS ECOLÓGICAS ANTE LA CRISIS ECONÓMICA

Aportaciones sobre el debate de la crisis actual y sus alternativas.

Deberíamos ser más precisos y no circunscribirnos solamente a la crisis económica y hablar de triple crisis. Es decir, financiera, ecológica y productiva.
  • La crisis financiera es la que sale como la patente, pero eso es porque como se han hecho las cosas mal, tanto los gobiernos, como los bancos y sobre todo las multinacionales, están removiendo cielo y tierra para conseguir que les ayudemos a “sostenerse” y seguir ganando millones ¡pobrecitos! y hacer lo que siempre han querido y solo saben hacer: Explotar al máximo nuestros recursos del planeta, porque aunque estos recursos son de todos los seres vivos que habitamos esta galaxia, han formalizado una leyes en donde todo sirve para sacar el máximo beneficio. Primero consumiendo y ahora recogiendo del estado, que somos todos, para poder seguir siendo los que detectan el poder.
  • La Ecológica ya la veníamos denunciando desde hace tiempo, ahora, naturalmente, se ve agravada. Pero deberíamos dejar bien claro – sobre todo para muchos ecologistas – que estamos en la zona de países ricos, en donde nuestra Huella ecológica, indica que somos los devastadores de 2 a 3 planetas. La huella ecológica es un indicador ambiental de carácter integrador y global que mide el impacto ejercido por una comunidad humana, ciudad, región o país sobre su entorno. La diferencia entre el área disponible (capacidad de carga) y el área consumida (huella ecológica) en un lugar determinado es el déficit ecológico. Este pone de manifiesto la sobre explotación del capital natural y la incapacidad de regeneración tanto a nivel global como local de lo que llamamos Naturaleza. El área de territorio productivo o ecosistema necesario para producir los recursos utilizados y para asimilar los residuos producidos por una población definida por un nivel de vida especifico.
  • No se habla de la crisis productiva, ¿Qué producimos, para quien y porqué? Aunque parezca mentira, este es el eslabón que nos tiene que llevar o hacia soluciones ecológicas que ayudarán al medio ambiente y por lo tanto a todas las personas y seres vivos por igual o saldrá fortalecido otra vez el sistema económico y especulativo.
Debemos reflexionar sobre cuales son nuestras necesidades reales, hablo de las reales, no de las que nos inducen los “intereses consumistas”.
En economía la necesidad se considera subjetiva y manejable. Esta necesidad tiene que ver con deseos, preferencias o demandas. Desde nuestro punto de vista, social, humano y ecológico, sí es necesario definir las necesidades. Max Neef (1991) define las necesidades humanas en:
Las considera universales y están interrelacionadas: Subsistencia (Alimentación, cobijo, vestir) - Protección - Libertad - Afectividad - Ocio - Creatividad - Identidad - Comprensión y conocimiento - Participación.
Además Max Neef distingue entre estas necesidades humanas y los “satisfactores”.
Los satisfactores son culturales y se pueden clasificar en dos grandes grupos:
  • Negativos. Que van en contra de lo que pretenden. (Destructivos, falsos-satisfactores, inhibidores...)
  • Positivos. Que si satisfacen necesidades. (Singulares, sinergéticos...)
Desde esta posición la mejor manera de cambiar este sistema capitalista es desmontando la ideología del consumismo.
EL MOMENTO ACTUAL
El sistema ya ha demostrado que no se aguanta, que NO SE SOSTIENE. Para nada hay que ayudarle a Sostenerse, lo que necesitamos es sustentarnos. Nosotros los de “a pie” en los países ricos y sobre todo el mundo entero, incluyendo a todos los seres vivos de este planeta.
En definitiva, que lo que nosotros proponemos es una reducción de la producción y del consumo para lograr una mayor equidad. Pero siempre teniendo muy presente que el modelo actual está agotado. La simple reducción no sirve, hay que hablar de cómo seguimos, hacia donde buscamos el Sustento.
EL PRINCIPIO DE RESPONSABILIDAD
1º) La importancia de descentralizar, de buscar formulas que permitan la autosuficiencia, etc, etc..
Debemos rechazar el desarrollo de cualquier tecnología, que no dominamos. Que solo se mantiene en unas estructuras centralizadas. Por ejemplo, en materia de producción de energía nuclear, la ciencia todavía no domina la eliminación de los residuos.
2º) La solución para resolver esta triple crisis, no puede estar sólo basada en el conocimiento científico……..….
3º) Se necesita un modelo económico alternativo, en donde el sistema de libre mercado no impida que democracia para y por los ciudadanos, puede ser incompatible con que unos pocos sean “libres” de explotar los recursos que nos sustentan a todos. Por ello la gestión debe de ser por organismos públicos que garanticen lo expuesto y con una administración mucho más democrática que la actual, buscando una armonización entre las opciones individuales y colectivas.
En este nuevo modelo, el principio de responsabilidad es muy importante, tanto de la política como del consumidor. En suma, una economía de mercado controlada, con el fin de evitar cualquier fenómeno de concentración. Si la democracia es real y del pueblo, la gestión pública es primordial, Los gobernantes elegidos son soberanos y no deben depender de las estructuras capitalistas que dan el poder al capital especulativo, no al productivo. Y sobre todo, ir hacia un sistema que no genere publicidad, que según los más estudiosos del decrecimiento sostenible, consideran como imprescindible, para liberarse de la ideología del consumo. Gestiones públicas basadas en las necesidades al margen de la leyes del mercado capitalista.
4º) Los servicios públicos esenciales no podrían ser privatizados (educación, agua, energía, sanidad, transportes, seguridad etc.)
Con estos principios, la expansión del comercio real y equitativo sería una realidad y conllevaría el final de la esclavitud moderna y del neocolonialismo. O sea, un mundo más justo y solidario
NUESTRAS ALTERNATIVAS
Estamos hablando del Concepto de Recursos Renovable o Ciclo 0. También lo podemos definir como “Económicamente Sostenible y Medioambientalmente Sustentable”
Es decir, que sea capaz de vivir de las rentas de la naturaleza. Que además, tiene que ser un objetivo tanto desde el punto de vista económico y científico como moral.
Y por ejemplo, no estaría mal recordar que no pocos científicos consideran, que más que en el agotamiento de los recursos naturales, el problema está en la sobreabundancia. “La amenaza más importante está en la incapacidad del ecosistema global para absorber toda la polución que se genera”
Cuando se habla de crecimiento cero Es crecimiento 0, o ciclo cerrado de consumos y energía, sería cuando tienes en cuenta los criterios de sustentabilidad par el uso del capital natural. Se utilizan recursos y materias primas renovables del planeta, no tóxicos y saludables durante su uso, que ni contaminen ni perjudiquen, ni creen desigualdades y cuando no sirvan, se reciclan para reutilizar, siempre apostando por el reducir (Ias 3 R). De forma que no dejan residuos o los que dejan son asimilables por la Naturaleza. Es decir, que hay que libar la batalla contra el consumo. Y sobre todo, contra la sumisión publicitaria.
Nuestro modelo tiene que basarse esencialmente sobre la responsabilidad. Aunque no se pueda negar que la política y sus mecanismos puedan tener una importancia fundamental, siempre serán secundarios, mientras no exista un principio de responsabilidad, primero individual y después colectiva.
A mi me gusta definirlo como una superestructura, en donde tenemos que apuntalar porque esta por encima de la misma naturaleza y en donde los seres vivos, no podemos sobrevivir, sino no nos convertimos en engranajes del sistema.
(http://www.davidhammerstein.com/article-27139523.html)

EL FUTURO SERÁ ECOFEMINISTA O NO SERÁ ...

¿Invitadas a sumarse a esta economía de muerte en contra de la naturaleza por la igualdad?
La ecología está radicalmente ausente de las habituales propuestas feministas de la igualdad en el terreno social y económico. No hay ética del cuidado para la Tierra.
Se puede decir que se trata de modelos de igualdad anacrónicos e insuficientes anclados en el "feminismo liberal de la igualdad" sobre el reparto equitativo y la acción positiva compensatoria entre mujeres y hombres sobre los recursos, los derechos y las oportunidades.
Estos programas de igualdad en el terreno económico y social parten de dos supuestos ocultos que ecológicamente son muy problemáticos y cuestionables:
1) Repartir y hacer crecer la "tarta".
Se trata de un "alegre e indocumentado" apoyo al crecimiento ilimitado de la tarta económica como valor incuestionable. Es decir cuanto más crezca y sea más grande la escala física de la economía, mejor, más habrá para todos y todas, y más para repartir. Una tarta económica que además es medida con los reduccionistas parámetros economicistas y monetaristas, como es el PIB. Más claro: repartir y crecer la tarta a costa de la creciente degradación, esquilmación y muerte de la naturaleza, cuyos recursos materiales son finitos y cada vez más degradados, frágiles y escasos a causa de las agresiones económico-industriales a las fuentes generativas de los mismos: la biosfera conjunta, los ecosistemas, la biodiversidad, el resto de especies animales y vegetales.
2) Que no se cuestione la tarta ni sus ingredientes tóxicos.
Esta tarta de la producción, la economía y el empleo hoy está llena de biocidas hijos de los laboratorios tecno-industriales y de una ciencia reduccionista y mecanicista que falsamente se declara neutral en valores y a-moral, pero a la vez está dotada de poderes colosales equiparables a los de las fuerzas geológicas. Sus poderes de intervención y artificialización son incalculables e indeterminables, así como sus capacidades para la producción de males atroces y de tragedias de todo tipo: daños, riesgos y peligros socioambientales que se expanden en el tiempo y el espacio sin control. No hay previsión ni cálculo posible sobre sus consecuencias diseminadas en el sistema complejo que habitamos: sociedad humana-naturaleza.
Además, conviene no olvidar que curiosamente dicha tarta y sus componentes biocidas y genocidas ha sido creada históricamente por élites masculinas del patriarcado industrial y ahora de la economía globalizada.
Es decir, los programas de igualdad son sencillamente "zombis" por insistir en la ignorancia y el maquillado de nuestra primordial identidad viviente y animal, y por apostar por los delirios de arrogancia y grandeza propios de las creencias tecno-optimistas de la vieja sociedad industrial. Están radicalmente desajustados con los tiempos y problemas socio-ambientales que vivimos. Carecen de novedad ideológica por estar en el "consenso productivista" del desarrollo y en la antigua idea de progreso ilimitado de la mejora y el bienestar, algo irrealizable en un planeta finito en materiales y cada vez más enfermo. De este pétreo consenso a favor del crecimiento económico sin límites y de la muerte de la naturaleza hoy participan las izquierdas y derechas de todo tinte y color, y también muchos de los proyectos emancipatorios que han destilado en su historia (liberales, socialistas, comunistas).
En el siglo XXI en el que estamos las propuestas liberal-feministas de la igualdad en realidad constituyen una invitación a que las mujeres se suban y se integren alegremente en el tren del desarrollo tecno-industrial y patriarcal, en condiciones de igualdad de oportunidades y junto a los hombres, así ellas también impulsarán el descarrilamiento colectivo. Son temibles las consecuencias sociales y ecológicas en curso: escasez crónica, extinción de la biodiversidad, destrucción irreversible, inhabitabilidad del planeta, enfermedades, éxodo y refugiados socio-ambientales, exterminio de multitudes, fraticidio y la guerra por recursos ambientales básicos cada vez más menguantes a causa de la "translimitación o rebasamiento" de los límites biofísicos infranqueables, más allá de los cuales las fuentes biogenerativas de la biosfera no pueden recuperarse y no hay vuelta atrás en su progresiva decadencia.
Como en una película de terror, a las mujeres se nos quiere invitar a tripular "en condiciones de igualdad" el tren del desarrollo y el crecimiento ilimitado de la economía material, todo un regalo envenenado para empujar hacia el colapso y la tragedia conjunta.
En resumen se trata del viejo feminismo que apuesta por la igualdad entre mujeres y hombres, pero lo hace bajo algunas exigencias dramáticas:
A) El coste de la "masculinización de las mujeres". Causado por su aplaudida integración en las instituciones y valores principales del desarrollo y sus prioridades productivistas (algo bien diferente al cuestionamiento del doble sistema patriarcal del sexo-género).
B) El coste de la muerte creciente de la naturaleza. Causado por no tener en cuenta los límites insalvables y restricciones a la libertad, la acción humana y la economía. Irremediablemente los sistemas sociales son parte de la biosfera y dependen de ella, de la salud e integridad de sus sistemas naturales. Para sobrevivir y continuar en el tiempo, y para poder hacer realidad las utopías de la "buena vida y su disfrute en nuestra única y común casa planetaria" necesitamos preservar y reparar en lo posible los recursos y servicios naturales de baja entropía que tienen su fuente primordial en los metabolismos naturales de la Tierra. La naturaleza es condición, medio y meta en todo curso de posibilidades y opciones en juego, pero la ceguera suicida del desarrollo social y económico está deteriorando a marchas forzadas su biodiversidad y sus complejos y frágiles equilibrios vitales, tal y como nos informan los mejores datos empíricos disponibles.
La realidad ecológica es sustantiva y fundacional, tiene existencia, dignidad y necesidades propias. Conecta todo con todo y está en todas partes. No es solo un asunto sectorial, no es un simple apartado separado del resto de realidades y políticas. No es un colorín (el verde) equivalente a otros colores y a apilar junto a ellos (rojo, blanco, violeta, arco-iris, ...), tal y como acostumbran a hacer las izquierdas en sus retóricas y programas electorales. No es un adjetivo sino que es un componente estructural no eliminable de toda acción humana y realidad, lo que impone condiciones y restricciones primeras y últimas a todo fenómeno, proyecto y acción sobre el mundo. Las realidades socio-ecológicas podrían tener innumerables propuestas de cambio y mejora que directamente beneficiarían a las mujeres por estar incluidas en otras realidades que les afectan y discriminan, aunque erróneamente las solemos nombrar separadamente de la ecología: la economía, la producción, el empleo, el consumo, el transporte, la tecnología, la vivienda, la agricultura, el urbanismo, la alimentación, la energía, la sanidad, la enseñanza, ...
Esta, junto con la equidad, son las verdades incómodas que los programas económicos y sociales de igualdad feminista irresponsablemente niegan.

MARA CABREJAS